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En los meses de verano, y en un contexto caracterizado por la ascendente
cotización de los precios del petróleo, el consiguiente empeoramiento de las
perspectivas de inflación, y un tono más restrictivo de la política monetaria,
la economía internacional ha continuado creciendo a un buen ritmo, aunque
con evidentes señales de desaceleración en los países más industrializados.
La actividad económica en el entorno exterior de la Zona Euro, sigue estando protagonizada, de un lado, por el intenso crecimiento de la economía norteamericana, que no obstante manifiesta claros indicios de desaceleración, y de otro, por un dubitativo comportamiento de Japón, que a pesar de confirmar su salida de la recesión, no da signos concluyentes de una recuperación sólida.
Por su parte, los países que componen la Zona Euro han seguido creciendo a un ritmo elevado en el tercer trimestre de 2000, aunque inferior también al de meses anteriores, destacando como aspecto más negativo los niveles de inflación que se están alcanzando en la Zona, los mayores desde que se iniciara la Unión Económica y Monetaria.
La economía española muestra estos mismos rasgos, y así, junto con un crecimiento real del PIB del 4’1% interanual en el tercer trimestre, ligeramente inferior al del trimestre precedente, la tasa de inflación alcanza en noviembre el 4’1% interanual, el nivel más elevado de los últimos cinco años.
En este contexto, sin embargo, la economía andaluza se caracteriza por mantener el mismo ritmo de crecimiento registrado en el trimestre anterior (4’2% interanual), superando nuevamente la media española y de la Zona Euro, y ampliando el diferencial favorable de crecimiento con esta Zona.
El notable dinamismo de la economía andaluza es el resultado, al igual que ocurrió en la primera mitad del año, de la aportación positiva de los sectores no agrarios, que no obstante muestran una ligera ralentización; mientras, las ramas agraria y pesquera, que continúan instaladas en una fase recesiva, se inscriben en una trayectoria de recuperación.
Desde el punto de vista de la demanda, se confirman las tendencias apuntadas en el trimestre anterior, de moderación del ritmo de crecimiento de la demanda interna, tanto consumo como inversión. Junto a ello, en la vertiente externa se mantiene la trayectoria de desaceleración del ritmo de crecimiento de los intercambios con el extranjero, si bien aún con tasas elevadas en las importaciones, que continúan reflejando los efectos de la fuerte subida del precio del petróleo en los mercados internacionales.
Este elevado ritmo de crecimiento que mantiene la economía andaluza, se traslada, de un lado, al tejido empresarial, con un notable aumento de las sociedades mercantiles creadas, por encima del registrado a nivel nacional, y de otro, al mercado laboral, donde continúa el proceso de creación de empleo a tasas elevadas, sobre todo el de carácter indefinido, al tiempo que se intensifica la trayectoria de reducción del número de desempleados.
En relación a los precios, tanto los deflactores de la producción como los de demanda, señalan que, en un entorno marcado por el encarecimiento del petróleo en los mercados internacionales y su traslación hacia los precios de otros bienes y servicios, la inflación en Andalucía muestra una trayectoria alcista. En cualquier caso, y como viene ocurriendo de manera ininterrumpida en los últimos cuatro años, con tasas de variación interanual del IPC que siguen siendo menores en Andalucía que a nivel nacional.
Este dinamismo mostrado por la economía andaluza en los meses transcurridos del año, lleva a la Consejería de Economía y Hacienda a estimar que el crecimiento real del PIB p.m. de Andalucía alcance el 4’3% en 2000, superior a la media nacional y de la Zona Euro. Proceso éste de convergencia real de Andalucía con sus economías de referencia, que se espera continúe el próximo año 2001, previéndose que la economía andaluza registre, en un contexto global de desaceleración económica internacional, un crecimiento real del 3’8%.
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