Coyuntura Económica de Andalucía - Num. 42 - Febrero 2001
Introducción


A lo largo del año 2000 la economía internacional ha mostrado síntomas, cada vez más evidentes, de que se estaba produciendo un cambio en el ciclo económico de crecimiento expansivo que caracterizaba a los países industrializados desde 1994. A principios del año 2000 sólo Japón mostraba crecimientos muy limitados. El resto de las economías industrializadas mantenían altos ritmos de crecimiento económico, sobre todo, EE.UU. No obstante, la evolución alcista de los precios ofrecía algunas dudas sobre la continuidad de dicha situación cíclica.

Los primeros signos de alerta vinieron de la mano, una vez más en la historia económica reciente, del fuerte alza en los precios del crudo. Dicha alza deterioró las balanzas comerciales e intensificó las tensiones inflacionistas. En la Unión Europea este alza ha tenido una repercusión negativa dada su alta dependencia de esta materia prima y también como consecuencia de la debilidad del euro en los mercados internacionales.

Como consecuencia de este proceso, la evolución de los tipos de interés ha mostrado una progresiva elevación durante el ejercicio y las bolsas de valores un progresivo deterioro.

En este contexto, la economía real se ha resentido. A finales del año 2000 y principios del 2001 la característica dominante de las economías industrializadas es la ralentización de los ritmos de crecimiento económico. La continuidad de este proceso, que está afectando a las expectativas de consumidores y empresarios, depende inicialmente de la capacidad de controlar las tensiones inflacionistas y disponer de margen de maniobra para el descenso de los tipos de interés y la revitalización de la demanda agregada. Durante los primeros meses del 2001 este proceso se está produciendo aunque de forma moderada, por lo que se mantiene una situación de incertidumbre económica en relación con la posible evolución de la economía internacional.

Por su parte, la economía española y andaluza ha mostrado los mismos síntomas que su entorno más inmediato. La subida de los precios del crudo y la depreciación del euro han intensificado las tensiones inflacionistas y deteriorado la balanza comercial. Como consecuencia, la demanda interior ha tenido un comportamiento más moderado y el crecimiento del PIB se ha desacelerado ligeramente.

En todo caso, para el conjunto del año 2000, la fuerte inercia del crecimiento económico ha permitido registrar, según datos oficiales del INE y del IEA, un elevado incremento del PIB, cifrado en el 4’1% para la economía española y en el 4’3% para la economía andaluza, que es, a su vez, casi un punto superior al crecimiento medio de la zona euro (3’4%)


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